miércoles, 17 de junio de 2015

 las familias en el futuro
Cuando en 1957 “La Casa del Futuro”(atracción de Disney World) abrió sus puertas al público, con sus innovaciones arquitectónicas y tecnológicas, explicadas en función de lo que la familia del futuro habría de realizar dentro de sus paredes, seguramente jamás se plantearon las diferencias estructurales que, dentro de esta misma familia, se suscitarían pocos años después a partir de las diversas revoluciones socioculturales de finales de los sesenta y los setenta. Estas revoluciones sentaron las bases del posterior desarrollo evolutivo que habrían de tomar las estructuras socia-les, empezando con la pareja, donde el ideal clásico y tradicional comenzó a modificarse y, con ello, la organización intersubjetiva que se establece entre ambos miembros de la pareja desde el momento en que se erigen como tal.
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Desde entonces, se ha observado un claro aumento de la tasa de divorcios donde, partiendo de datos del INEGI, detectamos las siguientes relaciones: Mientras que en 1971 la relación entrematrimonios y divorcios era de 100 porcada 3, para el año 2000 el número de divorcios, en relación con el mismo número de matrimonios se incrementó en más de 50% es decir, 7 divorcios por cada 100matrimonios. Para 2008, el índice de divorcios ya se había duplicado: por cada100 matrimonios, se contabilizaron 14 divorcios. A pesar de ello, es evidente que la tendencia general del ser humano continúa siendo la formación de una pareja que, eventualmente, puede convertirse en familia. Entonces, ¿qué está ocurriendo? Es indudable que algo se está moviendo en relación con la configuración y las formas de convivencia de la pareja tal como la habíamos venido concibiendo. En mi opinión, considero que se trata de un proceso evolutivo que se desarrolla a partir de extremos; como tal, desembocará en una síntesis adaptativa y prevalecerán aquellas conductas y modelos que demuestren ser funcionales y ventajosos tanto para el desarrollo personal como para el social. Sin embargo, para comprender este proceso y el momento en el que nos encontramos, primero debemos considerar el contexto sociocultural que estamos viviendo. En ese sentido, la lógica de la vida contemporánea en la sociedad occidental supone, entre otras muchas cosas, la necesidad de compartir responsabilidades, lo cual entraña la modificación de las tareas y la dinámica de la pareja, como unidad, así como también de cada uno de los miembros que la conforman, siendo la situación económica uno de los detona-dores principales de dicha modificación, aunque no el único. Podemos rastrear los orígenes de tales cambios a partir de las revoluciones sociales mencionadas con anterioridad, donde el empoderamiento y la emancipación femeninos comenzaron una búsqueda de igualdad que, si nos detenemos un momento a analizarla en forma pragmática, rápidamente nos per-cataremos de su contradicción y, por tanto, de su imposibilidad.Basta mirarnos al espejo para saber que hombre y mujer jamás podremos ser iguales. Somos diferentes por definición y por necesidad; en consecuencia, no podemos aspirar a una igualdad más que en derechos y oportunidades, lo cual, en realidad, se traduce en equidad. Equidad es el deseo, lo posible, lo que deberíamos buscar, pero, en su lugar, seguimos persiguiendo un concepto erróneo de igualdad. Esa concepción la que ha guiado, en gran medida, el proceso evolutivo de la pareja hasta nuestros días.

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